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Rotura fibrilar: ¿Qué síntomas causa y cómo se trata?

Llevar a cabo una recuperación activa y un seguimiento de la evolución de la lesión son dos factores clave para que el tratamiento sea exitoso. 

La rotura fibrilar o muscular es un tipo de lesión que está estrechamente ligada a la práctica deportiva, aunque las personas que lleven un estilo de vida más sedentario no están exentas de padecerla. Se puede ocasionar de manera directa, cuando se produce un traumatismo directo en la zona afectada, o de manera indirecta, cuando el músculo realiza una contracción violenta acompañada de un estiramiento simultáneo suficiente como para romper las estructuras fibrilares.

Los síntomas más reconocibles que causa la rotura fibrilar en el paciente son:

  • Dolor repentino e intenso.
  • Hematoma causado por la rotura de vasos sanguíneos.
  • Puede generar dificultad funcional a causa de la contracción de los músculos adyacentes.

Normalmente, “la gravedad de la lesión va ligada a las estructuras musculares que están afectadas”, afirma el doctor Jordi Marcos, especialista en medicina de la actividad física y del deporte y ecografista musculoesquelético de iMove Traumatología. En ese sentido, “las roturas fibrilares que tienen peor pronóstico son las que afectan a las estructuras miotendinosas encargadas de unir el músculo y el tendón”, expone el especialista.

Recuperación activa para tratar la rotura fibrilar

Cada rotura fibrilar debe ser tratada manera personalizada, pero sí que existen unos aspectos esenciales que se repiten. “Durante las primeras 72 horas es necesario realizar reposo deportivo, elevar la extremidad afectada y controlar el derrame y el hematoma aplicando frío localmente. Además, en caso de que sea necesario, también prescribimos algún analgésico oral para mitigar el dolor”, describe el doctor Jordi Marcos.

Superadas esas primeras horas posteriores a la lesión, se inicia una nueva fase del tratamiento de las roturas fibrilares. Una de las características que marca esta etapa es se lleva a cabo un tipo de recuperación activa. “Se comienza a movilizar la zona afectada haciendo activación isométrica combinada con sesiones de fisioterapia para relajar las fibras musculares, drenar el hematoma, y que la cicatriz que vaya generando el músculo evolucione durante todo el proceso de recuperación para que sea lo más funcional posible”, señala el especialista en medicina deportiva de iMove Traumatología.

Realizar una correcta recuperación de las roturas fibrilares y evitar las precipitaciones a la hora de volver a iniciar la practica deportiva es fundamental. “La lesión muscular no es un tipo de lesión que retire al deportista de la actividad deportiva durante mucho tiempo, pero sí que tiene un elevado riesgo de recaída”, apunta el doctor Jordi Marcos del equipo de iMove Traumatología. Para reducir las opciones de recaída, realizar un seguimiento constante de la evolución de la lesión es muy importante, ya que así se controla su cicatrización y se introducen las pautas de recuperación más adecuadas.

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